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  • Entrevista a Alejandro Garrido García, Premio del Público de Participa Méliès

    6 agosto, 2018

    Con 1.069 votos Chispas de Novilunio obtuvo el Premio del Público en la 6ª edición de Participa Méliès. Entrevistamos a su director, Alejandro Garrido, como ya hicimos con los directores de otros cortometrajes premiados este año – Yeray David Rodríguez (premio “Imaginación al poder”) y José Germán Ariza (premio al Mejor Vídeo en la Categoría general). Garrido nos habla del origen de su interés por el cine, de la importancia de tener un equipo detrás y de la satisfacción que le despertó el resultado final.

    ¿Cuándo nace tu interés por el cine?

    Yo creo que, de una manera indirecta o inconsciente, siempre me habían fascinado las historias; trabajar en el guion, modificarlo sobre la marcha, perfilar la historia… hasta darle un giro inesperado en la parte final.

    Sí, desde niño se puede decir que esto pasaba de un modo inconsciente, cuando jugaba con mi hermana mayor a mamás y papás, a la clase… Inventábamos mil historias con personajes de todo tipo. Incluso mi madre, grababa con su cámara, muchas de esas obras de teatro improvisadas en el salón o en las habitaciones de la casa.

    Así que sí, el interés por lo que creo que es el cine, la emoción de crear y dar forma a una historia, que debe ser vista y entendida por los demás…, todo eso se fraguó sin darme cuenta…

    ¿De un modo consciente? Las mil y una veces que habré visto El ejército de las tinieblas, de Sam Raimi, con tan solo 5 o 6 años, fue sin duda la película que me apasionó de niño y, por tanto, la que me despertó el interés por el cine.

    ¿Habías realizado algún otro cortometraje anteriormente?

    Sí, Chispas de Novilunio ha sido nuestro cuarto cortometraje. Echando la vista atrás, he comprobado, aunque suene a tópico que, en cada trabajo, con mayor o menor éxito, se suman de una manera asombrosa gran cantidad de enseñanzas. Y, por tanto, el pulido de los trabajos, el mimo por el detalle en cada producción… todo, absolutamente todo suma un grado y una experiencia para los próximos trabajos.

    ¿Qué te inspiró a plasmar la vida de Méliès en tu cortometraje?

    A decir verdad, no necesariamente queríamos contar una historia sobre Méliès. Simplemente queríamos basarnos en una idea o concepto general, a partir del cual desarrolláramos el resto. Tras varias horas de darle al ‘coco’, donde mi amigo y socio productor, Iñaki Biarte, y yo, no dábamos con la tecla o el argumento adecuado, finalmente llegó mi novia Karina a casa y dijo algo que nos dejó pensando, una única palabra: Serendipia… Y claro, ahí llegó la luz: una estructura perfecta sobre la que basarse para contar una historia. Luego, simplemente decidimos aplicarlo a la vida de Méliès; creíamos que realmente la serendipia se acoplaba perfectamente a la vida de Méliès: la búsqueda y el sufrimiento por conseguir algo que nunca llega, y que, por accidente, o sin quererlo o si quiera pensarlo, de pronto descubres algo mucho más colosal que lo que andabas buscando. Creo firmemente que la vida de Méliès y su éxito vinieron dados por este concepto de serendipia. Creo incluso que en el diccionario, dicha palabra debiera acoger como ejemplo la vida del propio Méliès (bromeando).

    Esto no quiere decir que Méliès, por supuesto, no fuera un verdadero genio… pero es curioso, cómo llegó a sus manos el cinematógrafo, de una manera tan puramente accidental y fortuita, en un tiempo en el que la información estaba al alcance de muy pocos, no como ahora, que vivimos en plena era de la información. Méliès fue un genio, pero sin duda, tuvo una enorme suerte; y en consecuencia, nosotros también, por recibir su enorme y hermoso legado.
     
    Chispas de Novilunio
     

    ¿Conocías la vida y la cinematografía de Méliès en profundidad antes de realizar el corto? ¿Qué destacarías de su universo cinematográfico?

    A decir verdad, conocí a Méliès gracias a la película de Martin Scorsese; a partir de ahí, vi algunos clásicos en YouTube, y también un documental muy bueno sobre la vida de Méliès, que se encuentra en la plataforma Filmin.

    Lo que más destacaría de Méliès es el cambio en la percepción del cinematógrafo. Por encima de todo lo demás, creo que lo más importante es que dejó de verse el cinematógrafo como un instrumento documental; y creo que él consiguió darle el matiz de espectáculo. Cambiando ese simple concepto ya vino todo lo demás. La gente empezó a contar historias, cada vez más elaboradas. La ficción tomó forma y se consolidó. Y todo gracias a él, que vio la oportunidad, no solo de seguir sorprendiendo con ilusionismo cinematográfico, si no de emplear el cinematógrafo como instrumento de espectáculo y ocio para todo el mundo.

    ¿Cuál fue la mayor dificultad que tuviste al realizar el cortometraje y cómo la resolviste?

    Si fuera totalmente sincero, diría que lo más difícil ha sido absolutamente todo. Me explico: este proyecto ha sido realizado al milímetro y trabajado a todos los niveles y departamentos, hasta el más mínimo detalle. Lo más extraño, es que hemos sido sólo dos personas quienes se han encargado de todo. Nada es casual; queríamos, dentro de nuestras humildes posibilidades, lograr trasladar al espectador a pleno siglo XIX. Como se puede imaginar, crear todo por dos personas ha requerido mucho esfuerzo. Dicho esto, como director del cortometraje, y aquí es donde quería llegar, he de decir que lo más difícil de todo ha sido organizar, recordar, apuntar, mostrar, corregir… absolutamente todo durante todo el rodaje.

    Al ser prácticamente la única persona que conocía el trabajo hecho durante la preproducción, y hablamos de cuatro meses de trabajo, el lograr mantener el barco sobre el agua ha sido verdaderamente difícil. Cualquier error, despiste u olvido pudo ser fatal. El desgaste psicológico y de concentración fue francamente alto. Al final, por mucho director que uno sea y quiera abarcar absolutamente todo, he aprendido, en este proyecto, que es sumamente importante tener un jefe por departamento de producción, así como tener una mano derecha, un ayudante de dirección que sea tu mente en todo momento. Más que nada porque si no, creo que uno puede acabar loco de remate.

    ¿Cuál fue la tarea más fácil a la hora de realizar el corto?

    Ninguna tarea fue fácil. Pero contaré algo que pasó cuando fuimos a grabar exteriores en el parque. Hablo del plano en concreto en el que Méliès pasea solitario y pensativo y, de pronto, se encuentra por casualidad un cartel en una farola. Como puede verse, la calle la ambientamos de tal modo que pareciese una calle del siglo XIX, con serrín por el suelo, excrementos de caballo, etc. Pues bien, en el storyboard yo había dibujado los excrementos de caballo, y lo cierto es que para mi era sumamente importante conseguirlos para ambientar debidamente la calle.

    Sin embargo, semanas previas al rodaje, fuimos dejando y dejando el tema de los excrementos. Hasta el punto de no saber si construirlos con arcilla y serrín. Se fue dejando y dejando. Llegó el día de rodaje e íbamos a grabar dicho plano. Cerca del parque hay un centro de hípica, y pensé que encontraríamos excrementos de caballo naturales. Sin embargo, aquella mañana no encontramos absolutamente nada. De camino al puente, donde grabaríamos el plano, estábamos ya resignados a grabar el plano sin los excrementos de caballo. Nos detuvimos en una sombra cerca del puente, y tomamos aire antes de acercarnos al puente que se encontraba a pleno sol. De pronto, a lo lejos, un grupo de caballos, unos tres o cuatro, se acercaban hacia nosotros. Yo no podía creerlo. Al fin, un golpe de suerte y de ayuda ‘divina’. Me puse tan contento que comencé a correr hacia el camino del que venían los caballos, en busca de excrementos. Me puse un guante de plástico y, el final, ya lo visteis…

    Creo que fue lo único que se consiguió de un modo fácil, los excrementos de caballo.
     
    Chispas de Novilunio
     

    ¿Cuál ha sido la mayor satisfacción?

    Creo que la mayor satisfacción de este trabajo ha sido emplear una técnica diferente a la del resto de participantes. Creo que hemos conseguido hablar de Méliès desde un estilo contemporáneo-realista. Me explico: era difícil hablar de Méliès sin caer en ese estilo cómico-fantástico-plano general, dado precisamente de la referencia del cine del propio Méliès… Creo que fue un acierto usar ese realismo para construir el drama y la emoción del final. Incluso, me atrevería a decir, que los trucajes con los que había que cumplir para el concurso, están perfectamente integrados dentro de ese drama y realismo, sin caer, repito, en lo fantástico, espectacular… Creo que la gente se mete dentro de la piel del personaje de Méliès, ¿qué le ocurre? ¿descubrirá ese algo que le haga triunfar de verdad?, y dentro de esas preguntas, lo demás pasa desapercibido, o se acepta dentro del drama psicológico del personaje.

    Por supuesto, todos los estilos son lícitos y acertados, pero fue una satisfacción real y personal, el haber logrado el resultado que queríamos.

    ¿Con qué equipo, técnico y humano, has contado para finalizar el corto?

    Tengo que reconocer que este proyecto ha sido fruto del durísimo trabajo de dos únicas personas. Hablamos de una preproducción y un desarrollo del cortometraje a todos los niveles donde Iñaki Biarte y yo hemos preparado absolutamente todo: desde el color de las camisas de Méliès hasta la fabricación artesanal del cinematógrafo de los hermanos Lumière.

    Luego, durante el rodaje nos servimos de la gran ayuda de otro de los miembros del equipo, Víctor Sánchez. También hay que hablar de Álvaro Luengo, un documentalista street salmantino que trabajó y desarrolló un gran trabajo como segundo operador de cámara. Por supuesto, nombrar a mi novia Karina Izquierdo, que también trabajó durante el rodaje como maquilladora, además de soportar aparatosas puestas en escena de croma en casa…

    Maite Casillas, que interpretó el papel de la mujer de Méliès. El Padre Ramón, que puso a nuestra total disposición el teatro del Instituto Santísima Trinidad. También nombrar a toda esa gente que vino para hacer de público en la primera escena del cortometraje.

    ¿Qué crees que hubiese hecho Méliès con una cámara 360 FLY como la que has ganado con el Premio del Público?

    Es difícil saberlo, pero creo que construiría un escenario totalmente circular y cerrado, pondría una cámara en medio y rodaría alguna escena cómica con persecuciones y marcianos.

    ¿Qué sentiste al recibir tantos votos y, finalmente, el Premio del Público?

    Creo que fue muy emocionante porque estuvimos en la segunda posición durante unas horas agónicas en las que el otro cortometraje participante, Beyond Channel, se puso primero y no dejaban de subir sus votos en ningún momento. Al final, gracias a la confirmación de los votos dentro de los correos electrónicos, conseguimos ponernos por delante en la clasificación y, finalmente, ganamos.

    Ha sido una campaña dura en cuanto a divulgación y promoción del propio concurso. Eso demuestra lo difícil que es hacer llegar un vídeo a la gente, y lo complejo de todo para que pueda hacerse viral.

    ¿Tienes algún consejo para quien quiera enviar su corto a próximas ediciones de Participa Méliès?

    Mi consejo es que cualquiera que sea la idea inicial para el cortometraje, se dejen toda el alma y la pasión posibles para conseguir hacer realidad esa idea. El estudio y dedicación constantes son muy importantes para este mundo llamado cine. Nada es casual. Todo tiene un por qué. Trabajar al milímetro cada escena, cada plano, ser perfeccionista… Esa es la línea de trabajo que creo que hay que seguir para llegar al éxito. Es la línea que seguimos mi equipo y yo, y con la que esperamos tener éxito algún día. Así que mucho ánimo y mucha pasión, esa es la receta.

     

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